La futilidad en las relaciones sociales

Un artículo de opinión, una columna, un post en instagram, un grupo de amigas en el bus, todos coinciden en que el amor ya no es lo que era, ahora es mejor. Antes tenías esas ataduras que no te permitían expresar libremente y te obligaban a pasar por el sufrimiento de injusticias y condiciones que no te gustaban. Pero ahora, ahora amiga mía eres libre, o vamos en camino hacia ello, las relaciones no se ven fijadas por la presión social o el qué dirán y si no estás contento con alguna cosa, como una infidelidad, puedes abandonarla, ya que es una opción en el más puro sentido de la palabra.

No me confundan, la ironía de la introducción no pretende defender las infidelidades, sino las injusticias de este mundo. Desde las relaciones de parejas amorosas hasta las conexiones más superfluas con tu vecina del 3º que te habla del tiempo en el ascensor, como lo único importante es uno mismo, en el momento en el que te dañan o incluso “no aportan” tienes y te sientes con total libertad para mandar la relación a la mierda. Pero si caemos en ese solipsismo tan radical, entonces, ¿cómo esperamos que el otro nos “aporte”, estando rodeado de gente que piensa como tú?

Por supuesto que las relaciones hacen daño, de una u otra manera, siendo consciente o sin darte cuenta, pero duele, y no pasa nada. Una persona que te insulta en la calle por tropezar con ella podría ser tu mejor amiga en una discoteca, o ese amigo al que dejaste de lado por perder el interés podría descubrirte un mundo nuevo en un hobbie. Todo se trata de dar oportunidades y de escuchar desde el otro y no desde mí, de perdonar y ayudar a que esa persona mejore, de ver la virtud y lo que me puede “aportar” además del daño que me puede hacer o ha hecho.

Creo que por tanto evitar el dolor nos hemos olvidado de vivir

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