Cómo vas a pensar si no piensas

Cómo vas a pensar si no piensas. Parece un oxímoron, pero intentaré desarrollarlo en este texto.

La educación hoy en día se ve como un proceso impuesto y forzado por el que hay que pasar para llegar a la meta, es un camino espinoso que nadie quiere caminar porque hay mil y un motivos que nos llevan a otro resultado y no tenemos que sufrir tanto o de la misma manera. Al menos eso vemos como estudiantes, sin embargo, el que ese camino sea doloroso depende únicamente de dos factores, nuestra visión y la visión impuesta sobre nosotros de los profesores. Sea de una forma u otra, al final, el aprendizaje debería ser un placer, un orgasmo intelectual en el que encontramos las respuestas que hemos buscado desde nuestro corazón consciente o inconscientemente.

Lo bello no eres capaz de verlo ni ser capaz de reconocer su existencia hasta que lo ves, el sexo no es la sublimación de una conexión social hasta que lo experimentas, una canción no la entiendes hasta que la sientes, una película no es un orgasmo para los sentidos hasta que la vives, y por ello, aprender no es el más puro de los placeres hasta que aprendes. Y aprender se trata de entender, ya no solo intelectualmente o “lógicamente”, sino intuitivamente, es algo que se grava en su ser y cuesta olvidar, y aún cuando se olvida, sigue condicionando tu forma de existir.

Los profesores, los compañeros de fútbol, las personas que te encuentras en tu día a día, tanto en el parque paseando a tu perro como las que te dan paso en el autobús o metro y te dan los buenos días, todos ellos son personas fugaces, más o menos, que forman una relación social superficial, o no, contigo. Ellas te expresan de mejor o peor manera, consciente o inconscientemente, lo que piensan y de ellas se saca conocimiento que estructuras para formar saber. Decir yo sé y no poder expresarlo no significa no saber, solo que no lo has estructurado con palabras que puedas decir en sociedad, pero lo sabes, has aprendido de ello y ahora forman parte de tí.

Precisamente en esta función trabajan los profesores, los de verdad, no los que cobran una nómina y figuran como trabajadores en una empresa o institución pública, sino los profesores que nacen, tarde o temprano, con la vocación de enseñar, de transmitir su saber. Ellos tratan de imbuirte lo que saben para que tú no tengas que caminar el camino solo, para que puedas correr en vez de andar, aunque direccionado, y como llegaste más rápido que ellos, llegar más lejos. En eso se basa el ser humano, los mitos, las leyendas y toda sabiduría que ha cimentado tecnología, cultura y sociedad de hoy en día.

Por eso su función es tan importante, por eso a la profesión de profesor nunca se la debería menospreciar, pese a que algunas de esas personas se les pueda descalificar de profesores e incluso nombrar como infrahumanos.

Pensar es el proceso de trabajar con el saber, ya sea sobreescribiendo, modificando, añadiendo o procesando, esto en sí mismo parece trivial, y es cierto que es inevitable, ocurre continuamente con solo vivir, pero no es tan común indagar en el mismo proceso indirectamente, plantearte preguntas o curiosidades que saciar y usarlo como motor del pensamiento, es decir, pensar de forma activa en vez de pasiva, pasar el proceso de pensamiento a primer plano.

El pensamiento activo es algo que se induce bien de forma externa o interna, normalmente una mezcla de ambas, y el profesor ha de cumplir con su parte en facilitar todo lo posible la inducción por la parte externa, hay mil y una teorías pedagógicas al respecto. Puede ser proporcionando un ambiente propicio para el alumno, planteando las preguntas o exponiendo las cuestiones para que el alumno vea, o simplemente dando materiales que llevan a ello. Pero siempre tiene que ser para el alumno, siendo que cada persona estructura el conocimiento de una forma diferente, que tiene unas referencias culturas, académicas, emocionales o de cualquier índole diferentes, que forma relaciones y las entiende de forma diferente, si el profesor no empatiza con el alumno para, por lo menos intentar, entender al alumno como un fin es sí mismo, como una persona y qué lo conforma, difícilmente se estarán facilitando las condiciones externas para el pensamiento activo.

Al igual que de la misma manera, si el alumno no pone la intención, el mindset, el estado mental y sobre todo el deseo, más difícilmente todavía se podrá pasar a un pensamiento activo.

Normalmente, en la educación obligatoria, y no obligatoria, las personas van a clase con una predisposición de pensamiento pasivo, lo curioso es que esto se da aunque se tenga genuino interés en la materia. A parte de los aspectos sociales, políticos y culturales que tenemos hoy en día, la actitud es de realizar lo que me piden y en el proceso aprender porque está siendo procesado por el cerebro incluso en contra de la voluntad.

Si esto es lo que se da, cómo vamos a esperar que el desarrollo se siga dando y se dé de una forma correcta o completa, hay una parte que se pierde, no estás haciendo del todo tuyo ese saber. Cómo esperas pensar si desde el principio no has estado pensando de verdad. Por lo que, que menos, que el profesor te lo intente provocar.

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